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A 40 años de la pérdida del 2-P-103

La mañana del 15 de septiembre de 1976 el avión Neptune matrícula 2-P-103 despegó de la Base Aeronaval de Rio Grande para realizar un vuelo glaciológico en la península antártica. Nunca regresaría.

Por Contraalmirante Aviador Naval VGM (RE) Rafael L. Sgueglia

La actividad antártica de la Armada Argentina comenzó a principios del siglo pasado con buques de superficie y el establecimiento de Instalaciones permanentes y temporarias.
En la Cuarta Campaña Antártica el Transporte A.R.A 1 de Mayo embarcó un avión Sterman 76 D.1 matrícula 1-E-41 que bajo el comando del entonces Teniente de Fragata Dn. Eduardo Lanusse, llevando como Mecánico al Cabo Principal Erik Blomquist, quienes realizaron el primer vuelo argentino en la Antártida Argentina el 7 de febrero de 1942 en la Isla Decepción.
De esta forma la Armada Argentina sumaba la capacidad de aviación embarcada, a la de los buques de superficie que año a año realizaban distinto tipos de tareas en el Continente blanco.
Desde entonces, hasta nuestros días, la presencia de aeronaves de la Armada Argentina ha sido constante en diferente tipo de operaciones aéreas navales, sea desde buques de superficie, en bases y apostaderos antárticos y desde el Continente americano.
A modo de avaro resumen podemos mencionar que el primer vuelo directo y regreso de la Antártida y Círculo Polar desde América fue en un avión DC4 bajo el mando del Contralmirante Gregorio Portillo el 13 de diciembre de 1947.
Que en 1952 el primer vuelo desde Continente americano con descenso en la Antártida, con dos aviones Catalina, el primer vuelo en unir la Antártida con la Capital Federal con esos aviones.
Producida la operación de helicópteros a la Armada Argentina en el año 1950 en medios navales de superficie, por primera vez ese tipo de aeronaves embarcará en los transportes A.R.A. Bahía Aguirre y A.R.A Bahía Buen Suceso, en la Campaña Antártica 1954, los cuales mediante un puente aéreo relevaron y aprovisionaron la Base del Ejército Argentino San Martín, dado que por modo naval no se podía realizar. 
El 6 de enero de 1962 por primera vez llega al Polo Sur una expedición argentina al mando del entonces Capitán de Fragata Hermes Quijada con dos aviones DC3.
A este somero resumen debemos sumar los vuelos glaciológicos y de sostén logístico móvil realizados por aviones DC4 y Catalina a lo largo de estos años, a los que se sumarían aviones Albatros.
A ellos a partir del año 1964 se incorporarían los aviones Neptune, exploradores de gran alcance que podrían volar desde el Continente Americano y regresar al mismo.
El 10 de septiembre de ese año el Neptune 2-P-107 despegando de Comodoro Rivadavia llegó a la isla Roberson, sobrevolando además los Destamentos Decepción, Melchior y Esperanza.
Todo esto nos da una aproximación intelectual a la capacidad operativa de por entonces de los medios aéreos de la Armada Argentina en tareas antárticas de diverso tipo. Ello conllevaba a una doctrina propia de utilización de los mismos en virtud de la experiencia y lecciones aprendidas, en un proceso continuo e ininterrumpido.
Los aviones Neptune estaban asignados a la Escuadrilla Aeronaval de Exploración, con asiento en la Base Aeronaval Comandante Espora. En la misma se adiestraban sus tripulaciones según lo ordenaban los planes navales. Para ello se preparaban tripulaciones y equipaban los aviones. Al vuelo mencionado antártico mencionado sucedieron otros, como los llamados “Cruces Otter” en apoyo de este tipo de avión cuando cruzaba a la Antártida o los de apoyo de la búsqueda del A.R.A. Zapiola a comienzos de 1976
La Unidad no improvisaba, tenía procedimientos actualizados para operar en la Antártida a la vez de establecidos el equipamiento y palamenta necesaria, sea de las aeronaves como de los tripulantes para realizar vuelos en esa latitud.
Dentro del Plan de Adiestramiento de la Unidad estaba la planificación anual de navegaciones a máxima autonomía calculando los puntos de no retorno con uno o dos motores, lo cual obligaba al trabajo en equipo de Pilotos, Navegantes y Mecánicos en el uso de las tablas operativas de los Manuales del avión.
La mañana del 15 de septiembre de 1976 el avión Neptune matrícula 2-P-103 despegó de la Base Aeronaval de Rio Grande para realizar un vuelo glaciológico en la península antártica. No era una tarea nueva para la Unidad, había suficiente experiencia, su Comandante el entonces Capitán de Corbeta Mutto había sido tripulante de aviones Albatros en este tipo de tareas.
El resto de la tripulación estaba conformada por el Teniente de Navio Miguel Berraz, Copiloto, Teniente de Navio Romualdo Migliardo Observador-Meteorólogo, Teniente de Corbeta Claudio Cabut Navegante- Oficial Control de Operaciones, Suboficial Segundo Nelson Villagra Mecánico, Suboficial Segundo Remberto Eberto Brizuela Artillero, Suboficial Noto Operador de sistemas de detección, Cabo Principal Carlos Campastri radioperador, Cabo Principal Jesús Arroyo Ayudante de Macánico, Cabo Primero Pablo Scesa y el Director de Canal 13 de Rio Grande, Señor Rodolfo Rivarola. A último momento se desembarcó a un tripulante para que pudiera embarcar el mencionado Señor a fin de dar difusión a vuelo.
Todos los tripulantes habían completado los planes de adiestramiento en vigor en la Escuadrilla que les permitía realizar operaciones aéreas navales de crecientes y complejas situaciones. Para lo cual la Escuadrilla y el Centro de Instrucción y Adiestramiento de la Fuerza Aeronaval Número 2, con sede en la Base Aeronaval Comandante Espora constituían el ámbito de su adiestramiento, complementario de sus Escuelas de Formación. El año anterior habían participado en el Operativo Unitas en Brasil.
En estos vuelos se daba la posición geográfica cada media hora, indicando además si el vuelo se desarrollaba normalmente , todo se desarrolló así hasta las 1213 de ese día donde se recibió la última comunicación desde el avión 2-P-103. Luego de ello todo fue silencio de radio.
El 2-101 había despegado de Rio Grande a 1232 horas y se destacó al Pasaje de Drake en apoyo, promediando el cruce regresó por fallas.
Ese mismo día en cumplimiento de los Planes SAR, búsqueda y rescate, comenzó una tarea que se inició con la búsqueda radial en diversas frecuencias y de aviones y buques de superficie. El entonces Subjefe de la Base Aeronaval Rio Grande, Teniente de Navio Dn. Alberto Dabini, ya fallecido nos refirió que dejaron las luces de la pista de la Base prendidas ante la posibilidad de una pérdida de comunicaciones total por parte del avión, las cuales quedaron así superado el tiempo de autonomía del avión. 
El día siguiente con la certeza de la pérdida  avión siniestrado se intensificó la búsqueda de sobrevivientes con medios de la Armada Argentina, la Fuerza Aérea Argentina, la Armada de la hermana República de Chile, y un avión de la empresa petrolera estatal argentina Y.P.F.
El día 18 de septiembre desde un avión Hércules de nuestra Fuerza Aérea, matricula TC-67 al mando del entonces Mayor Alberto Vianna encuentra indicios en la ladera norte del Monte Bernard en la isla Livingston de lo que podían ser restos de una aeronave. Lo cual fue confirmado a posterioridad por avión Twin Otter de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula T85 que tenía como asiento  la Base Vicecomodoro Marambio.
Arribado a la zona el rompehielos A.R.A General San Martín el 4 de octubre un helicóptero Alouette de su dotación pudo sacar fotografías del lugar, confirmando la inexistencia de sobrevivientes y desestimando todo tipo de operación de rescate atento las condiciones meteorológicas y glaciológicas.
Así fue que se planificó una operación de rescate por modo aéreo y terrestre, desde el rompehielos mencionado con participación de tropas de montaña del Ejército Argentino y helicópteros de las tres Fuerzas Armadas.
El 11 de enero de 1977 el helicóptero AE -451, de nuestro Ejército, intentando rescatar los restos de sus camaradas de la Armada Argentina se estrelló falleciendo sus tripulantes Teniente Primero Dn Mario García, Teniente Primero Dn. Alejandro Marani y Sargento Luis Segura. Sus cuerpos pudieron ser rescatados.
A cuarenta años de estos acontecimiento el Instituto Aeroanaval rinde un especial homenaje a los tripulantes de estas dos aeronaves y en especial a sus familiares supérstites con este pequeño opúsculo.
Gloria y Honor a ellos!.
Bibliografia consultada: ”Historia de la Aviación Naval Tomo II Pablo Arguindeguy” año 1981 año 2009, “Historia de la Aviación Naval Tomo IV Volumen 2 Instituto Aeronaval” año 2011, “50 Aniversario de la Escuadrilla Aeronaval de Exploración Pablo Arberletche”.

 


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