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2da. Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque

 

Participó activamente durante el conflicto con cinco aviones Dassault-Breguet “Super Etendard”, uno de los cuales debió ser utilizado como repuesto de los cuatro restantes, dada la suspensión de venta de armas a nuestro país por parte de Francia.

 

 

Al momento de desatarse las hostilidades, la Escuadrilla se encontraba en pleno proceso de adquisición y alistamiento de su material, ordenándose a su Comandante la preparación de la misma para la utilización de los misiles aire-superficie AM39 “Exocet”. Así las cosas, solicita un mes para la puesta a punto del mismo y lograr el adiestramiento de los pilotos en esa técnica prácticamente nueva, por cuanto el 1 de abril se comienza la tarea logística de preparar los aviones probando los diferentes sistemas de la unidad de navegación y ataque, apareciendo como necesarias  también la instalación y prueba del lanzador del misil en el avión, para asegurarse que todo funcionara correctamente.

 

 

En ese entonces todavía se confiaba en la llegada de la asistencia técnica francesa de la mano de Aerospatiale, la cual por contrato debía venir a la Argentina para asegurar el correcto funcionamiento del sistema SUE–EXOCET, pero a los pocos días se recibe la noticia de que la visita había sido cancelada, significando no sólo la pérdida del acceso a valiosa información técnica, sino la imposibilidad para la Unidad de contar con la experiencia y conocimientos del avión por parte de sus diseñadores y fabricantes.

 

 

En vista de las circunstancias, el personal de la Escuadrilla junto con ingenieros y técnicos del Arsenal enfrentan el desafió de asegurar el funcionamiento del avión y del misil sin ayuda exterior, no renunciando incluso al exigente plazo autoimpuesto de 30 días. Trabajando sin descanso día y noche, y al término de la mitad del tiempo fijado en el plazo inicial, la capacidad del personal de la Escuadrilla sumada a la pericia de los técnicos del Arsenal, harían realidad lo aparentemente imposible logrando el TOP de TIRO del misil Exocet, determinando que si el misil era lanzado en buenas condiciones, haría impacto.

 

 

Durante los días siguientes se realiza el adiestramiento de los pilotos y las planificaciones operativas de las misiones a cumplir, haciéndose énfasis en las técnicas de lanzamiento (uso del radar, vuelo rasante a más de 500 nudos, trabajo en sección sin comunicaciones que delataran la posición, y empleo eficiente de todo el sistema de navegación y ataque) a la par que se estudian las curvas de los radares de los destructores Tipo 42 de nuestra Armada por ser muy similar al  sistema de defensa antiaérea más efectivo de los ingleses. Es así entonces, que alcanzado el lunes 19 de abril, despegan de Comandante Espora hacia Río Grande los dos primeros aviones y, al día siguiente, otros dos.

Esos cuatro aviones y cinco Exocet iban a constituir el único capital operativo con que contaría la Escuadrilla durante la campaña.

 

 

Las misiones comienzan el día 1 de mayo con una suspensión prematura en vuelo por fallas técnicas en el reabastecimiento de combustible en vuelo; el 4 de mayo despega la segunda misión, la cual dispara dos misiles contra sendos contactos de radar (dos medianos y uno grande adquiridos gracias a la guía invaluable del Neptune 2-P-112). Es como resultado de esta acción que se deja fuera del combate al destructor británico clase T-42 HMS “Sheffileld”, el cual según declara el enemigo recibe el impacto de uno de nuestros misiles que le provoca un incendio incontrolable en su interior, siendo abandonado por su tripulación y hundiéndose pocos días después. Así, a las 14:04 hs., luchando por una causa noble en un rincón perdido del Atlántico Sur, la Aviación Naval Argentina echa a pique el primer buque de su historia y abre a los ojos del mundo un nuevo capitulo en las doctrinas de las operaciones aeronavales de todas las marinas modernas de occidente.

 

 

Una tercera misión despega el 23 de mayo, pero lamentablemente al carecer de la valiosa ayuda del “Neptune” con la que había contado hasta ese momento, no se puede localizar el objetivo. El día 24 de mayo persisten las actividades de la Escuadrilla partiendo otra misión de dos aviones con sus respectivos misiles y, al localizar con éxito una disposición de buques con sus radares, seleccionan el blanco más grande y efectúan sobre él ambos lanzamientos. Es aquí, donde se registra el impacto de ambos misiles en el portacontenedores e improvisado portaaviones “Atlantic Conveyor”.

 

 

Al igual que el “Sheffield”, el “Atlantic Conveyor” se incendia y se hunde en las aguas del Atlántico Sur. Según declaraciones del propio enemigo, esta pérdida unitaria de material bélico, equipos y aeronaves, constituiría el desastre naval más grande de su historia.

 

 

La última misión de cumple el 30 de mayo con el último misil con el que contaba la Escuadrilla. Durante ese día despegan dos aviones y luego de dos reabastecimientos de combustible en vuelo, inician la navegación de ataque a ras del mar, seguidos por cuatro aviones A-4C de la Fuerza Aérea Argentina. Al localizar ambos aviones navales un grupo de buques, el armado con Exocet efectúa el disparo del último misil sobre el blanco de mayor tamaño.

 

 

Los A-4C de la Fuerza Aérea siguen la estela del misil, siendo dos de ellos a pesar del esfuerzo y coraje de sus pilotos, derribados por fuego antiaéreo proveniente del grupo enemigo ya alertado. Al divisar el blanco los dos restantes, descubren que se trata del portaaviones HMS “Invincible”, pasan por sobre éste, el cual despedía una densa columna de humo negro y descargan sus bombas.

 

 

Luego de estas cinco riesgosas misiones cuyo resultado arrojaría el hundimiento de dos importantes naves enemigas y la avería de una tercera sin sufrir bajas propias, la 2da. Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque sería el vivo testimonio del cumplimiento de la máxima “causa al enemigo el mayor daño posible, con el mínimo costo”.

 

 

Por “ejecutar eficazmente operaciones de ataque empleando aeronaves recientemente incorporadas, dando muestras de alta capacidad profesional, al planear y llevar a cabo misiones de gran complejidad y riesgo que produjeron significativas bajas en unidades capitales del poder naval enemigo” su bandera de Guerra fue condecorada por “Honor al Valor en Combate”.

 

Misma condecoración fue otorgada a los Capitanes de Corbeta Augusto César Bedacarratz y Roberto Curilovic, y a los Tenientes de Navío Julio Héctor Mateo Barraza y Armando Raúl Mayora, por “operar con aviones Super Etendard y dando muestras de gran dedicación y elevado profesionalismo, causando elevadas pérdidas al enemigo”.