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Discurso del Señor Comandante de la Aviación Naval durante la ceremonia del día del Componente

Reproducimos el discurso del Contralmirante Gustavo Vignale, con motivo del Centenario de la Aviación Naval, Punta Indio, 04 de mayo de 2016.

El 11 de febrero de 1916 se crea, mediante un decreto presidencial, el Parque y Escuela de Aeroestación y Aviación Fuerte Barragán. Es este el mojón que dio origen al nacimiento de la Aviación Naval.

Esta crónica la escuchamos muchas veces y la evocamos, rigurosamente, durante cien años.

Este hito, no obstante, trasciende al mero formalismo de un documento. La verdadera significación trasluce la visión y la determinación del país y de la Marina por apostar a una capacidad que en esos momentos era considerada, por muchos, como un deporte para temerarios. Lo que hoy se nos revela como una obviedad se presentaba, en esos albores, como una ficción. Como una utopía sin propósito.

Un avión Farman de tela y madera, que rara vez superaba los cuarenta nudos y que no proveía prestación militar alguna, representaba para unos pocos, el primer paso en una evolución tecnológica que no conocería límites y que proveería a nuestra Flota de Mar de un complemento indispensable. La revista Scientific American, referente aún hoy de los avances tecnológicos mundiales, señalaba entonces: “Afirmar que el aeroplano va a revolucionar el combate naval es ser culpable de una salvaje exageración”. Sesenta y seis años más tarde, un día como hoy, la Marina argentina lanzaba un ataque aéreo misilístico que echaría a pique a la perla de la Flota británica.

La tela y la madera habían dado paso a cazas supersónicos, a imponentes exploradores y a versátiles helicópteros. El barro de Fuerte Barragán se transformó en cubiertas de acero. Los utópicos aventureros se convirtieron en profesionales obsesivos. La romántica pasión devino en doctrina y la Aviación Naval pasó de ser un anhelo a ser un componente vivaz, inquieto y presente.

Pero esta evolución histórica distó de ser lineal. Nuestro Centenario transcurrió plagado de avances y retrocesos. Momentos pujantes sucedieron a ciclos desalentadores. Porque visto en retrospectiva, los medios, la tecnología y los procedimientos no bastan para afirmar y motorizar una evolución. Los hombres y su compromiso son los que dan vida a un sistema, no importa cuán tecnificado.

La Aviación Naval creció en el seno de la Armada y su pasión por el mar. El mar ha sido, en definitiva, el que amalgamó todas nuestras virtudes y permitió definir nuestro perfil, nuestro carácter, nuestra esencia. Es el mar el que nos obliga a volar sin referencias, viendo sólo horizonte; es el mar que nos exige anavizar en cubiertas inquietas; es el mar el que nos desafía a encontrar submarinos en sus profundidades insondables; es el mar el que nos reta a buscar diminutos incursores ocultos en su imponente inmensidad. El mar nos moldeó el carácter; la Flota de Mar, nuestro propósito y nuestra identidad. Porque el mar también exige que nuestra Flota se mueva con naturalidad en un ambiente hostil, desolado e intrigante y que conviva con la principal amenaza para un marino en combate: la incertidumbre.

Los aviadores navales conocemos en carne propia esas limitaciones y esas fortalezas porque nos formamos con la Flota de Mar y la Infantería de Marina, en la misma cuna, bajo los mismos principios, compartiendo las mismas experiencias, las mismas escuelas y las mismas lógicas. Y es esa misma consustanciación la que permitió lograr un equipo entrelazado y armónico que a través de cien años generó procedimientos y doctrinas que sesudamente corrigió, actualizó y volvió a corregir. Hombres, medios, procedimientos y doctrina que le permitieron a la Flota mirar más allá del horizonte, lanzar sus armas más allá del horizonte, le permitió, en definitiva, junto con la Infantería de Marina y la Fuerza de Submarinos, poder proyectar su poder hacia mares y costas más lejanas, minimizar esa incertidumbre y contribuir con esa potencia que le da la integralidad, a la maniobra de nuestras fuerzas hermanas allí donde el accionar conjunto nos precise.

Cien años de historia merecen un rápido racconto. Exigen identificar hechos resonantes y hechos trascendentes.

En 1919, la misión aeronáutica italiana nos da nuestro primer impulso, donando un hangar y cinco aviones. Oytaben, Escola, Pouchan, Fitz Simon y el eterno Marcos Zar fueron algunos de nuestros primeros nombres propios y los que le aportaron la necesaria cuota de visión, coraje y audacia a esos precarios vuelos.

A fines del 19 llegan a Puerto Belgrano desde San Fernando y por ferrocarril, dos hidroaviones que ejecutan la primera ejercitación con la Escuadra de Mar. La joven aviación encontraba rápidamente su horma.

La tela y la madera alternaron luego con los globos. El Plata y el Cautivo se destacaron entre ellos y deambularon, imponentes, por los reacios cielos de la Patria pujante. Eran nuestros primeros exploradores, los primeros que lograron ver más allá del horizonte.

La primera mitad del siglo XX fue la que dio forma a nuestro joven componente distribuyendo sus esfuerzos entre Punta Indio y Puerto Belgrano.

Ya organizada y con medios más modernos, se pudieron ejecutar las primeras tareas de apoyo a la comunidad. Se destacan, entre muchas otras, los aviones Curtiss que en 1944 evacuaron heridos del terremoto de San Juan. También asistieron a países amigos en Ecuador, Chile y Perú luego de los recordados terremotos de Ambato, Temucho y Huascar. Las epidemias de poliomielitis también nos tuvieron presentes allí donde nuestros DC-3 realizaron 290 vuelos, trasladando 250 enfermos, en una tarea que hoy es reconocida como una pionera en la evacuación aeromédica a nivel nacional.

La presencia en la Antártida fue una de las directrices que la Marina priorizó para su brazo aéreo. Es de hecho en 1942, embarcado en el transporte “1 de Mayo”, que un Stearman 76 logra el primer vuelo en la Antártida amerizando con éxito en la Isla Decepción. Cinco años más tarde dos Catalinas unen por primera vez los dos continentes e inauguran la ruta del correo aéreo que se mantendría por muchos años más. Finalmente, en el ‘62, dos DC-3 navales llevarán por primera vez el pabellón argentino al Polo Sur en una operación tan apasionante como riesgosa.

Pero es en 1958 donde la Aviación Naval se prueba sus pantalones largos. La incorporación del portaaviones “Independencia” y su posterior reemplazo por el “25 de Mayo” le confieren un perfil de avanzada. La Marina argentina juega, a partir de allí, en otros tableros. La proyección del poder se convierte en un hecho concreto y la Flota se rediseña en base a su buque capital.

La Guerra por Malvinas encuentra a una Aviación Naval consolidada. La apuesta de esas generaciones pioneras paga sus dividendos con capacidades decisivas. La paciente búsqueda de nuestros exploradores, la audacia de nuestro sostén logístico, la persistencia de nuestros aviones y helicópteros antisubmarinos y la efectividad de nuestros aviones y helicópteros de ataque, contribuyeron con acciones concretas al esfuerzo nacional. Neptune, Tracker, Skyhawk, Sea King, Alouette, Fokker, Electra, B200, Macchi, Mentor y Super Etendard, prestaron sus nobles controles a hábiles pilotos y meticulosos mecánicos para poner su parte en esa gran epopeya. Las bases y arsenales hicieron gala del concepto de apoyo logístico sin el cual ninguna de estas misiones habría sido posible. La retaguardia contó con militares y civiles tan compenetrados y comprometidos como sus pares en el frente.

La guerra sumó, también, más placas a nuestros cenotafios. Zubizarreta, Márquez, Benítez, Miguel, Barrios y Lobo son nuestros héroes más jóvenes y los que arriman perspectiva a los pequeños problemas y premuras del día a día. A ellos se suman camaradas caídos del Ejército y la Fuerza Aérea que con la misma pasión, el mismo patriotismo y la misma entrega, combatieron por nuestras queridas Islas. Nada más conjunto que la sangre derramada en combate. Vaya para ellos y para

todos los muertos de nuestra Aviación Naval nuestro más sentido y conmovedor homenaje en este día.

La Aviación Naval ha procurado, a través de estos cien años, consolidar una estructura organizacional y operativa balanceada. Ha comprendido siempre que su misión fundamental es contribuir al poder naval y, con él, al instrumento militar de la Nación, sin individualidades ni elitismos.

La maniobra en el mar no admite prescindir de los ojos vigilantes de sus exploradores, de la defensa compacta y coordinada ante amenazas inciertas, ni de un puño profundo que pegue lejos y primero. Hoy, distintas Marinas del mundo realizan denodados esfuerzos para conformar aviaciones navales que provean a sus flotas, las herramientas imprescindibles para enfrentar escenarios cada vez más dinámicos y complejos. Nosotros sólo debemos preservarla y actualizarla.

Nuestros cien años de historia nos convirtieron en un componente compacto, proporcionado y altamente especializado. Somos una fuerza pequeña pero imprescindible. El “marino que vuela” no es un slogan, es una forma de vida, es la esencia del trabajo en equipo, es la respuesta naval integral y es, finalmente, una necesidad táctica cuya ausencia se pagará en combate.

Debo, en este Centenario, reafirmar nuestro sentido y agradecido homenaje a los que hicieron posible esta Aviación Naval y que hoy nos honran con su presencia vistiendo su traje con el mismo orgullo que en su momento vistieron su uniforme. Gracias por estar siempre con nosotros.

Quiero que el final de estas palabras sean para el personal militar y civil “en línea de vuelo”. Los que hoy conducen los destinos de nuestra Aviación Naval.

Nuestros últimos años se han presentado más difíciles. Distintas inestabilidades contribuyeron a disminuir nuestro nivel de actividad y nuestro impulso transformador. Los jóvenes pilotos y mecánicos nos miran hoy con ojos inquietos, ávidos de formar parte de un futuro tan pujante como nuestro pasado. No lo duden. Ese futuro al que aspiran es posible.

El viento está rotando. Hay ya perspectivas, proyectos y realidades en el horizonte. Ya este año, y mucho más en los que siguen, las cosas van a empezar a ocurrir. Nos abrazaremos a estas propuestas con esa pasión que nos enaltece y denotando siempre que somos una Aviación de profesionales para una Marina de profesionales. Nuestro objetivo es el combate en el mar. Podemos discutir formas y propuestas; doctrinas y tendencias. Lo que nunca deberá ocurrir… es que no estemos listos.

Todas las épocas dejan sus improntas y sus enseñanzas. Hoy nuestros Comandantes se esfuerzan aún más de lo que lo hicimos nosotros, nuestros jóvenes pilotos y mecánicos exprimen cada hora de vuelo, cada manual y cada operativo para ser, con mucho menos, lo que nosotros fuimos con mucho más. No es sólo mi generación y las anteriores las que me transforman en optimista, son las que siguen y son éstas las que hoy nos desvelan y comprometen.

La Aviación Naval ha tenido una historia cautivante, pero que esa historia no les pese, que no los inmovilice. Son principios de la guerra, si nos encontramos inmovilizados cambiaremos de posición y asumiremos los riesgos. Si no tenemos masa, tendremos maniobra. Actitud, valores militares, austeridad y profesionalismo. Esa es la combinación que nos asegura un futuro.

Nuestros cien años no valen por lo que hicieron quienes tuvieron todo, valen por aquellos que pujaron teniendo sólo barro, tela y madera.

No se inquieten por los cien gloriosos años que pasaron. Inquiétense sí, por los cien gloriosos años que tenemos por delante.

Feliz Centenario y que Dios nos ilumine a todos.


2016 - INSTITUTO AERONAVAL

 

 


Hay noticias que nos cuesta dar, hoy es uno de esos días donde esta página se
presta para ello.
El pasado 5 de abril ha zarpado a su último fondeadero el Señor
Contralmirante VGM Don Dalmiro Orlando Diego Miguel, quien fuera
Comandante del Área Naval Atlántica y Jefe de la Base Naval Mar del Plata
entre febrero del 2012 y marzo del 2015.
El Instituto Aeronaval quiere en este panegírico rendir un humilde homenaje a
quién apoyara las actividades de nuestra Delegación Mar del Plata y
permitiera así difundir nuestra tarea en la Zona.
En su cargo estuvo presente en todos los actos realizados en la Base por
nosotros, a la vez de estar atento a nuestras necesidades. Sin duda sin su
accionar muchas de nuestras actividades no hubieran pasado de las
intenciones.
En particular recordamos el apoyo dado, y su presencia, en la entrega del
Avión MACCHI MC-32 4-A- 103, donado por la Armada Argentina al
Aeroclub de Coronel Vidal. Que fuera entregado en custodia en
conmemoración del “Día de la Aviación Naval” en el mes de Mayo de 2012.
Dando lugar a un Jornada abierta al público con diversas actividades que
permitieron contribuir a difundir la Gesta de Malvinas.
Un hecho no menor fue el de facilitar las instalaciones de la Base, según su
disponibilidad, para las actividades del Personal de la Delegación.
Quién fue el Contraalmirante VGM Dalmiro Orlando Diego Miguel?
Un ciudadano comprometido con la Patria que nació en la ciudad de Buenos
Aires en noviembre de 1958. Egresó de la Escuela Naval Militar como
Guardiamarina en diciembre de 1980, como integrante de la Promoción 109
del Cuerpo de Comando.
Durante 1982 prestó servicios como Subjefe del Destacamento Naval de
Playa, participó en la Operación Rosario dando apoyo logístico a la Fuerza de
Desembarco que desembarcó el 2 de abril de ese año en Puerto Argentino.
Por dicho desempeño recibió el distintivo de la Armada Argentina de
“Operaciones de Combate” Campaña de Malvinas y la condecoración del
Congreso de la Nación “El Honorable Congreso de la Nación a los
Combatientes” Ley 23118.
Se capacitó en Artillería en la Escuela de Oficiales de la Armada prestando
servicios como artillero en los destructores ARA "La Argentina" y "Sarandí".
Participó en varias Campañas Antárticas, como Segundo Comandante del
Aviso ARA "Gurruchaga" , como Oficial Observador en el Buque de la
Marina de Guerra del Brasil “Barao de Teffé” y como Comandante del Aviso
ARA "Suboficial Castillo" en dos oportunidades, todo ello lo hizo acreedor
del diploma y distintivo Antártico.
Ejerció el comando del Aviso ARA "Suboficial Castillo" en 1997, del
destructor ARA "Santísima Trinidad", de la Corbeta ARA "Gómez Roca" en
el Astillero Río Santiago, hasta su entrega y puesta en funcionamiento en el
año 2004 , de la División Corbetas en el 2009 y del Área Naval Atlántica entre
los años 2012 y 2015 .
Se desempeñó como jefe de Operaciones de la Flota de Mar durante tres años
y como Jefe de Evaluación y apoyo de dicho Comando.
Asumió en el 2010 la Jefatura de la Base Naval de Puerto Belgrano.
Recibió la distinción de Comodoro de Marina en el 2012, jerarquía en la que
asumió el Comando del Área Naval Atlántica.
El 31 de diciembre de 2013 ascendió al grado de Contraalmirante
El 10 de agosto de 2015 fue designado Comandante de Vigilancia y Control
de los Espacios Marítimos (COCM).
Casado con Judith es padre de cuatro hijos, María Judith, Diego, Martín y
Victoria.
Señor Contralmirante el Instituto Aeronaval agradece su apoyo, sin Usted las
cosas no hubieran sido como fueron. No dudamos que vela por todos nosotros
desde el Puerto de la Bienaventuranza Eterna. Su vida mereció ser vivida,
como hombre de Mar y ciudadano de la Patria, Usted es un ejemplo que
merece ser conocido por los argentinos.
Como los grandes buques su estela se ve más allá del horizonte. Descanse en
paz con la satisfacción del deber cumplido.