95º aniversario del fallecimiento de Jorge Alejandro Newbery
Se recordó el fallecimiento de Jorge Newbery. El pasado lunes 2 de marzo se llevó a cabo el acto conmemorativo, en el cual el presidente del instituto Aeronaval fue único orador.
El Instituto Nacional Newberiano, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación y la Fuerza Aérea Argentina organizaron el acto de conmemoración del fallecimiento del precursor de la aviación en la Argentina, Ingeniero Jorge Alejandro Newbery, fallecido el 1º de marzo de 1914.
La ceremonia de llevó a cabo en el predio del Campo Hípico Militar de Palermo, lugar desde donde despegara el globo Pampero, de Aarón de Anchorena en 1917.
El acto fue presidido por el jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, Brigadier General D. Normando Constantino, acompañado por el presidente del instituto Nacional Newberiano, Comandante Mayor de GN (RE) Prof. Salvador Martínez.
Durante su trascurso, se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino, el Presidente del Instituto Aeronaval dirigió las palabras de rigor, se colocaron ofrendas florales al pié del monolito que recuerda el hecho histórico de la primera elevación en globo en Argentina y se entregó el brevet de Aviador Militar Honorario a un descendiente del Ingeniero Jorge Newbery.
Las palabras que dirigió el Contraalmirante VGM (RE) Carlos E. Cal a la concurrencia fueron las siguientes:
“Nos encontramos reunidos para conmemorar un nuevo aniversario del fallecimiento de Jorge Alejandro Newbery, ocurrido el 1º de marzo de 1914 en las cercanías de Los Tamarindos, provincia de Mendoza, a raíz un accidente de aviación.
El Ingeniero Electricista Jorge Alejandro Newbery tuvo una vida corta pero polifacética e intensa.
Nacido en Buenos Aires el 27 de mayo de 1875, hijo de un inmigrante norteamericano y una criolla, estudió en los Estados Unidos, donde tuvo como maestro al propio Thomas Alva Edison en el Instituto Drexel de Filadelfia, quien seguramente le imprimió ese interés temprano por la electricidad y por las ciencias.
Sus conocimientos lo llevaron a ocupar brevemente un cargo público a su regreso del país del norte y de allí ingresar a la Marina de Guerra, donde se destacó durante 3 años en cargos de su especialidad y como profesor de natación de la Escuela Naval Militar.
La docencia y la investigación estaban entre sus múltiples ocupaciones, siendo profesor en la Escuela Industrial de la Nación, bajo la dirección de Otto Krausse, donde revolucionó la enseñanza técnica del país.
Por invitación del entonces Intendente Adolfo Bullrich accedió al cargo de Director de Alumbrado Público de la ciudad de Buenos Aires, posición que mantendría hasta su deceso. En estas tareas, y consciente de la importancia que revestía para un país el control de sus fuentes energéticas y de la prestación de servicios públicos, fue un férreo defensor de los recursos naturales. En 1910 escribió el libro El Petróleo, de casi 300 páginas, que fue presentado ante el Congreso Científico Internacional Latinoamericano de ese año, donde delineó las ideas que años después desarrollara el General Mosconi.
Jorge Newbery fue también un eximio deportista, destacado en el boxeo, la natación, la esgrima, el remo y el fútbol. Incansable organizador de eventos deportivos memorables.
Nuestro máximo precursor de la aviación vivía en la progresista y asombrosamente diversa Argentina del comienzo del siglo XX. Fue el impulsor de esa actividad que recién asomaba en el mundo y que maravillaba a las multitudes del Buenos Aires: el vuelo.
Comenzó sus experiencias aéreas con la aerostación, los vuelos en globos libres, en 1907, a bordo del memorable Pampero, donde poco tiempo después perdiera la vida su hermano Eduardo. Su audacia coincidía con un entusiasmo inagotable. Quería llegar más alto, más lejos, más rápido.
Entusiasmaba a todos los que lo rodeaban. Hasta el mismo Alfredo Palacios que lo acompañó varias veces en sus travesías en globo trabó con Newbery una sincera amistad. Su afición por el vuelo en globo no cesó en ningún momento y perduró hasta los últimos días.
Con la llegada del avión, o “aparato de volación” como se lo conocía en la asombrada Buenos Aires de los años 10, se adaptó a este novedoso medio de tal manera que su nombre pasó a ser sinónimo de aviador. “Primer Aviador del Mundo” lo llamó Marcial Paillete, primer profesor de vuelo de la Escuela de Aviación Militar, al enterarse de su fallecimiento.
La muerte de Jorge Alejandro Newbery, “George” como lo llamaban sus amigos, causó una gran consternación en la Argentina de 1914. Es que había surgido algo desconocido hasta entonces: un ídolo popular de masas.
En efecto, por su muerte se suspendían los bailes de carnaval de Mendoza. Una muchedumbre de 10.000 personas acudió a despedir en la estación de ferrocarril de esa ciudad los restos de su ídolo. Gentes sencillas de las poblaciones que atravesaba el tren en su recorrido acudían a ver pasar a su ícono fallecido.
Las exequias en Buenos Aires superaron a todo lo conocido. La multitud ansiosa de ver al aviador caído rompía las barreras de seguridad de la policía y el ejército que custodiaban su lugar de velatorio. Obreros, hombres y mujeres vestidos pobremente, transformaban aquello en el primer entierro masivo que había visto la Argentina. Más de 50.000 personas, según las crónicas de la época, y un desfile de aviones desarmados, como de luto por la muerte de su héroe, acompañaron el féretro de ébano envuelto en la bandera argentina hacia el cementerio de la Recoleta para su reposo final.
El Ingeniero Electricista Jorge Alejandro Newbery, Fundador de la Aeronáutica Argentina, como fuera declarado en 1976, dejaba tras de sí aquel lejano 1º de marzo de 1914, una estela de heroísmo, hombría de bien y entusiasmo por la actividad aérea que fue reconocida por la Argentina y el mundo por igual.
Quisiera mencionar alguna de las palabras que pronunciara en su sepelio el ilustre orador y escritor Belisario Roldán para cerrar este recordatorio:
“Era un héroe intensamente nuestro, ya besado por la gloria y ungido por las almas, éste que acaba de írsenos para siempre y a quien una ironía del destino ha fulminado en una maniobra de esparcimiento, apenas días después de haber hecho relampaguear los 18 quilates de su denuedo en las alturas no visitadas hasta entonces ni por hombres ni por las águilas.” “Ha caído esa gloria, toda nuestra…” “ Ha caído para siempre el que tenía el corazón abierto a todas las emociones puras y la mano lista para todas las lealtades; el que no necesitó dejar de ser bueno para ser glorioso y a quien la providencia nos arrebata en las vísperas precisa de su hazaña meridiana…”
Y así terminaba su oración: “…y pliéguese la bandera de su patria en la media asta de los duelos nacionales, porque el país acaba de perder una de sus glorias.”
La ceremonia finalizó con un vino de honor en las instalaciones de la Dirección de Remonta y Veterinaria del Ejército Argentino en Palermo.
12/03/09
INSTITUTO AERONAVAL
