Capitán de Navío VGM Miguel Mariano Iriart, su fallecimiento
El Capitán de Navío, Aviador Naval y Veterano de la Guerra de Malvinas, Miguel Mariano Iriart falleció el pasado 4 de junio, por una súbita e inesperada dolencia.
Sus restos fueron depositados en el Panteón familiar en el cementerio de la Chacarita con los honores militares reglamentarios, la presencia del Jefe y Subjefe de Estado Mayor General de la Armada, funcionarios de la Embajada de Francia, ex combatientes franceses, familiares y un nutrido grupo de compañeros de promoción y camaradas de la vida naval.
Activo colaborador del Instituto, su presencia en las reuniones de la CD era siempre bienvenida y su opinión valorada por su objetividad y mesura.
Deportista incansable y hombre cabal, será recordado siempre por su hombría de bien, sus hábitos de vida sanos y austeros, su humildad y su modestia.
Al momento de su fallecimiento se desempañaba como presidente de la Asociación de Ex Combatientes Franceses en Argentina.
Con profundo dolor, el Instituto Aeronaval despide a quien fuera miembro de su Comisión Directiva durante cuatro años, desempeñándose en la actualidad como Vocal Suplente.
Qué mejor para despedirlo, que reproducir la carta que le dedicó un compañero de promoción, que resume todo el sentimiento de la comunidad del Instituto Aeronaval.
Carta de un amigo:
¿Es posible evitar la tristeza? ¿Es posible evitar el dolor de algo tan imprevisto? No lo creo y por eso, más allá de las frases que pueda decir acerca de que la vida continua, que es el destino de cada uno, y que Dios sabrá por qué te llamó, no puedo dejar de decirte unas palabras. Son palabras que no se pueden decir en otro momento que no sea este, y que confío que el Arcángel San Miguel te hará llegar.
Claro que duele, querido Francés, porque te fuiste estando solo, y nadie pudo siquiera estar ahí para acompañarte o tenerte la mano para cruzar el puente. Le puede pasar a cualquiera, pero nadie hubiera esperado que fuera a vos.
Si todavía recuerdo que no había forma de hacerte subir las pulsaciones en las ergometrías porque tu corazón en plena carrera andaba en 120 o 130. Te recuerdo viéndote trotar por Puerto Belgrano, ¡Cuánto hace de esto!... Pero duele también porque como bien dijo Juan Carlos, no eras un tipo de halago fácil. Eras directo, sincero y sin dobleces. Me vuelve el recuerdo al momento en que sentado en tu A-4, en el año 83, esperabas el instante de ser catapultado por primera vez. Vos estabas impasible. Yo con mi cámara esperando el momento para que quedara para la posteridad el instante en que salieras como un bólido de esa corta cubierta. ¡El que transpiraba era yo, Micky! Y hasta que no enganchaste por última vez, no pude decir que me relajé. Es que eras mi amigo y compañero y no solo tenía el orgullo de verte afrontar esa tardía experiencia con toda la calma del mundo, sino que además, sentía que también tu triunfo era mío y de todos los que te quisimos. Estamos tristes y estoy triste, por vos principalmente, por toda esa vida que pienso que te faltó vivir, por tus seres queridos, por tu hermana que te encontró, por tus padres a los que por experiencia propia, se cuánto les cuesta enfrentar lo antinatural de una cosa así. Estoy triste por Laura, y muy especialmente por tus hijas, porque te necesitaban y te necesitaran mucho. Recuerdo cuando te casaste, aquella carta que te mande. Recuerdo cuando juntos vimos aquel video de Cagliolo y su Electra y reflexionabas, sabiendo de qué se trataba, acerca de ese milagro. Pero son recuerdos, mi querido amigo, son los recuerdos que te mantendrán vivo entre nosotros.
Y para ser tan sincero como vos lo eras, debo decirte, tu partida nos puso a todos en la misma línea de nuevo. ¿Por qué vos y no yo u otro? ¿Cuál es el designio que pone a unos delante de otros en el umbral de la otra vida? No lo sabemos ni lo podemos intuir porque eras un paradigma del tipo sano. Entonces al dolor y la tristeza le sumamos el propio temor. A decir verdad preferiría que en lugar de estar ya junto a Dios, que fue quien te llamó, estuvieras entre nosotros y pudiésemos verte en el próximo almuerzo con tus mangas arremangadas al lado de alguno. Pero no será así aunque como todos los que ya se fueron, quedas grabado a fuego en nuestros corazones. Ya sos una muesca irreparable en el cuerpo de este grupo de hermanos de la vida que es nuestra promoción. Aunque cicatrice, porque es ley de la vida, siempre quedara vacío, junto con el de los que te precedieron, el lugar que te ganaste por buen tipo y por derecho. Que descanses en paz y que nuestras oraciones te hagan llegar bien rápido al Cielo que tantas veces volaste y al que ahora perteneces. Te mando el abrazo que ya no podré darte.
Tu amigo y compañero
Andrés
Capitán de Navío VGM Miguel Mariano Iriart, descansa en paz.
14/06/10


