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Saludo por 90º aniversario de la creación del Servicio de Hidroaviación en Ancón en 1919

Publicamos la carta de salutación enviada a la organización Aviadores Navales Asociados de Perú por el señor Almirante (RE) Jorge Enrico con motivo de este aniversario.

 

"Tengo el honor de saludar a los integrantes de la Aviación Naval Peruana en esta oportunidad en que orgullosa celebra los 90 años desde que el  Presidente don Augusto B. Leguía, con gran visión de futuro, creara el Cuerpo de Aviadores Navales por Decreto Supremo del 9 de diciembre de 1919.

 

Como todo argentino, y mas especialmente como todo Marino Argentino, siento un especial afecto y una tremenda admiración por esa Aviación Naval hermana. Pero es en mi carácter de Aviador Naval Argentino que quiero hacer llegar las mas cálidas muestras de ese afecto y de esa admiración.

No creo necesario referirme a la obra del primer jefe del Servicio de Hidroaviación de la Armada Peruana capitán de fragata Juan Leguía Swayne, o al increíble logro de incorporar en el plazo de unos pocos meses mas de 10 hidroaviones para formar a los doce alumnos que arrancarían la extraordinaria historia de esa Aviación Naval. Seguramente otros harán con mas conocimientos y autoridad que yo el merecido homenaje.

 

Me parece en cambio muy oportuno relatar brevemente un episodio importante de las relaciones entre nuestras dos Aviaciones Navales, que pone de manifiesto no sólo el afecto que los argentinos recibimos de nuestros hermanos, sino la idoneidad profesional que los caracterizó, y por el que siempre tienen un lugar especial en nuestros corazones.

 

Corría la segunda década de 1970 y la Armada Argentina se encontraba en proceso de renovación de su material bélico. Lo hacía desde una posición desventajosa, ya que algunos países imponían distintas restricciones a la compra de material como oposición al Gobierno Militar de Argentina.

 

Tal el caso de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, con base en el Portaaviones ARA Independencia. La estrategia naval argentina de aquel entonces se basaba en una fuerza naval estratégica cuyo elemento fundamental era el portaaviones, y las Escuadrillas embarcadas debían actualizarse.

 

La Escuadrilla volaba desde su creación en 1961 aviones Grumman Tracker S-2A, que habían entrado en servicio en EEUU en 1954, por lo que la Armada Argentina decidió reemplazarlos por S-2E, cuyo fuselaje era similar pero tenían armamento y equipos de detección mucho mas avanzados. Se destacaban en ese aspecto los sistemas de detección submarina Jezebel y Julie, que la Armada Argentina no había operado nunca ni tenía el adiestramiento para hacerlo.

 

Las restricciones políticas aludidas permitían la compra de los aviones en el estado en que se encontraban (preservados), pero no el adiestramiento de las tripulaciones. La Armada contrató a la empresa Grumman para hacer las reparaciones necesarias en su planta de Stuart, Florida pero debía preparar independientemente sus tripulaciones para hacer los vuelos de aceptación de aviones y equipos de abordo, trasladarlos y luego operarlos eficazmente en el Atlántico Sur. Una primera ronda de consultas a nivel mundial puso de manifiesto un aspecto crítico para la incorporación exitosa de estas aeronaves: encontrar un lugar adecuado para que las tripulaciones y personal de mantenimiento recibieran ese adiestramiento que el Departamento de Estado no permitía.

 

Como en otras oportunidades en la historia conjunta de Perú y Argentina, la confraternidad de ambos países --y la generosidad del Perú y de su Aviación Naval-- proveerían la solución: Un grupo de tripulantes y personal de mantenimiento se trasladaría a la Base Aeronaval en el Callao para ser adiestrados por el Escuadrón Aeronaval Nro. 12 de la Aviación Naval, que tenía 12 aviones de ese tipo en su inventario.

 

Y es así que en septiembre de 1977, un grupo de argentinos llegaba al Perú, para recibir ese adiestramiento. Tuve el honor, como Comandante de la Escuadrilla, de encabezar ese grupo. Desde el primer momento fuimos recibidos con el típico estilo peruano, que nos hizo sentir verdaderamente en casa. El Comandante del Escuadrón en ese momento, Capitán de Fragata Mario Fasce y todo su personal fueron instrumentales para que la misión se pudiera cumplir más allá de lo establecido. Quiero citar a riesgo de ser injusto, a otros como al Segundo Comandante Ricardo Covarrubias, al Jefe de Operaciones Luis Sueyras, en Mantenimiento a Victor Ramos y Alfredo Valqui, a Ramón Arevalo y a Gustavo Aranaibar entre tantos. Y un reconocimiento especial al entonces Comandante de la Aviación Naval, contraalmirante Raúl Vargas Fuller, bajo cuya autoridad y directivas de máximo apoyo actuó Mario Fasce. La lista podría seguir, pero quiero cerrarla con una mención al Capitán Angel Fasce, que desde el Comando del Escuadrón de aviones F-27 y C-47 --y a pesar de no estar oficialmente involucrado en el programa-- prestó una apoyo que todavía recordamos.

La adaptación de los pilotos al nuevo avión --realmente las diferencias entre nuestros S-2A y los S-2E eran considerables-- era fundamental para realizar los vuelos de aceptación en la fábrica. El adiestramiento que recibimos fue muy profundo y satisfactorio en todos los aspectos del vuelo, al que se agregaron algunos períodos de concimiento de los nuevos sensores que traían los aviones.

 

Nuestros suboficiales recibieron también su adiestramiento en las distintas especialidades mecánicas y también en mantenimiento de armas y aviónica. El adiestramiento incluyó también a los operadores de los equipos de detección, ya que la tripulación de los Trackers incluye, además de dos pilotos, a dos operadores cuya función es esencial para el cumplimiento de las misiones.

 

A las intensas tareas de adiestramiento se sumaron otras de tipo social y conocimos el Centro Naval y el Socaire, donde algunos desarrollamos una fuerte tolerancia al Pisco Sauer.

 

Imagino que las horas de vuelo y de adiestramiento de mecánicos que se requirieron fueron una dura prueba para la capacidad logística y operativa del Escuadrón, pero todo se desarrolló sin el menor contratiempo y sin que nada de eso se nos hiciera notar.

 

La Armada Argentina consideró necesario acelerar los tiempos habituales de incorporación de nuevas aeronaves, y asegurar para mediados de año la operatividad completa de los S-2E con los nuevos sensores en el Atlántico Sur y desde portaaviones. La tarea no era facil y a tal efecto dispuso retener una inusual cantidad de pilotos y tripulantes veteranos, incluyendo a este Comandante que, ascendido a Capitán de Fragata, tuvo el honor de continuar a cargo de la Escuadrilla también durante 1978. Con el invalorable apoyo de la Flota de Mar y de la Fuerza de Submarinos pudimos cumplir en término con el alistamiento.

 

Es en gran parte mérito de la Aviación Naval de Perú que los Tracker S-2E, alistados en tiempo record, pudieran incorporarse a las operaciones y desarrollar sus misiones con alta eficiencia, completando el Poder Naval Integral que en ese momento ostentaba la Armada Argentina. Y es también mérito de aquellos fundadores visionarios que hace noventa años plantaron semilla tan fecunda en Ancón. Nuestro reconocimiento de argentinos a ellos y a todos los que siguieron su estela hasta nuestros días."


Jorge Enrico

Almirante (R.E.)

ARA

 

13/12/09

INSTITUTO AERONAVAL